Heme Aquí
Integrar para fomentar una sociedad más justa: ése es el objetivo que persigue desde hace once años Heme Aquí, la primera escuela de golf para personas con necesidades especiales.
A fines de los años 90 se los podía ver a Nora Lelczuk y Luis Goldfinger, creadores de esta escuela, guiando a una docena de jóvenes con diversas patologías en los principales torneos de Buenos Aires. Hoy, la iniciativa coordina el funcionamiento de once escuelas en todo el país, más una en Colonia (Uruguay) y otra en Santiago (Chile). Heme Aquí nació el 19 de junio de 1999 como una organización sin fines de lucro, y se asentó en el Campo de Golf del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todos los sábados, de 12 a 14 hs., a los jóvenes se los observa entusiasmados con el aprendizaje de distintas técnicas. No se trata sólo de consejos golfísticos, sino de conformar en una persona una unidad bio-psico-espiritual. En el aspecto físico hacen gimnasia y desarrollan la concentración, coordinación, la postura, el esquema interno. En lo psíquico trabajan en la autoestima, con la retroalimentación familiar, la superación de barreras físicas y la fortificación del Yo. Y en lo espiritual, buscan estrechar los lazos de amistad y compañerismo. Además, apuntan al cuidado del medio ambiente y a lograr una conducta ética. Incluso, la pedagogía incluye canciones escritas especialmente para jugar al golf con sus respectivas coreografías. La idea es fijar los elementos que utiliza un jugador en la cancha y aprender las reglas de este deporte. "Hay que prestarles atención a estos chicos, no hay que darles la espalda", advierte Roberto De Vicenzo, el padrino honorario y mentor de Heme Aquí, que a los 87 años luce siempre bien predispuesto a recibir los genuinos abrazos de los alumnos, y continua: "Es sorprendente el progreso de estos chicos en el golf, que aprenden a ejecutar swings espontáneos escuchando temas musicales y cantando. Me parece un método de enseñanza muy inteligente, que da como resultado tiros muy precisos". La licenciada Lelczuk explica: "El golf funciona como un abridor de mentes, porque a partir de su modalidad pueden jugar juntas dos personas con distintas habilidades sin que una le haga el favor a la otra. Es decir, pueden jugar una persona con necesidades especiales y otra común; esta última puede entender que está frente a un discapacitado y termina la vuelta descubriendo a la persona detrás del discapacitado". La escuela, de enseñanza gratuita, alcanzó excelentes resultados en los jóvenes. Muestra de esto es el reciente caso de Sebastián, uno de los alumnos, que ingresó a la organización hace sólo seis meses y experimentó grandes cambios. Cuando empezó, Sebastián era una persona indisciplinada: gritaba, interrumpía las clases, no respetaba las normas y no tenía amigos. Hoy, con alegría y mucho trabajo, atiende las reglas, sabe cómo comportarse y forma parte de este grupo de pertenencia. También sorprendió en la práctica del putting green, donde metió la pelotita de un solo golpe. -La Nación-


